Antes de que este año termine, quiero invitarte a hacer algo poco habitual:
detenerte un momento.
No para evaluar si fue un buen o mal año.
No para juzgarte por lo que hiciste o dejaste de hacer.
Sino para escuchar lo que este año vino a mostrarte.
A veces creemos que los años se “cierran”, pero en realidad se recolocan.
Nada se pierde del todo: las experiencias, incluso las incómodas, buscan un lugar más honesto dentro de nosotros.
Tal vez este año te entrenó en algo que no habías pedido aprender.
Tal vez te obligó a ir más despacio.
Tal vez te mostró límites, pérdidas o silencios que hoy empiezan a tener sentido.
Si te sirve, te propongo un ejercicio sencillo (no toma más de cinco minutos):
— Escribe tres cosas que este año te mostró, aunque no te hayan gustado.
— Anota una lealtad, expectativa o carga que ya no necesitas llevar al próximo ciclo.
— Y formula una sola intención para el año que comienza (no un propósito, una intención viva).
No algo que tengas que lograr,
sino una forma de estar.
Por ejemplo:
habitar con más presencia,
elegir desde la calma,
escuchar antes de reaccionar.
El año nuevo no llega con respuestas nuevas,
llega con la posibilidad de mirar distinto.
Gracias por estar aquí, por leer, por resonar, por cuestionar.
No sé exactamente en qué momento de tu vida te encuentras,
pero puedes escribir y decírmelo
además sé que, si sigues leyendo estas palabras, algo en ti sigue buscando sentido…
y eso ya es mucho.
Que el próximo ciclo no te exija más,
sino que te ordene mejor.
Con aprecio,
Dr. Silvano Leonardo
P.D. Espero que me cuentes si hiciste el ejercicio y qué encontraste o miraste.
